Viengsay Valdés: directora del Ballet Nacional de Cuba

La primera bailarina del Ballet Nacional de Cuba (BNC) Viengsay Valdés fue nombrada directora artística de esa compañía por el ministro de Cultura, Alpidio Alonso.

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El nombramiento ocurrió sobre la escena del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, en presencia del elenco artístico del BNC y medios de prensa invitados.

Desde el 22 de enero de 2019, Valdés ocupaba el puesto de subdirectora artística de la compañía entonces dirigida por la legendaria Alicia Alonso, quien falleció el pasado 17 de octubre, a los 98 años de edad.

En 2019, el BNC celebró el 71 aniversario de fundado por Alicia, Fernando y Alberto Alonso, una trilogía de genial bailarina, extraordinario maestro y original coreógrafo, cuya labor conjunta floreció en la mundialmente reconocida escuela cubana de ballet.

La recién nombrada directora fue aprendiz directa de los Alonso, las llamadas cuatro joyas del ballet cubano (Josefina Méndez, Loipa Araújo, Aurora Bosch y Mirta Plá) y muchos otros maestros relevantes de la compañía que desde 2017 fue distinguida como Patrimonio Cultural de la Nación.

Valdés, valorada como una de las figuras cimeras del ballet cubano en la actualidad, ha sido artista invitada del Ballet de Washington, Estados Unidos; el Ballet Concierto de Puerto Rico; el Joburg Ballet, de Sudáfrica; el Bolshoi y el Mariinski, de Rusia, entre otras compañías.

El Ministerio de Cultura de Cuba le otorgó la Distinción por la Cultura Nacional (1999), la Medalla Alejo Carpentier (2003) y la Medalla Raúl Gómez García (2014).

Mientras, la Asociación de Artistas Escénicos de la Uneac (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) le concedió el Premio de Interpretación Femenina, en 2009, y el Premio Lorna Burdsall, en 2015.

Además, fue elegida entre las 100 mejores bailarinas del mundo en la temporada 2010-2011 por la prestigiosa revista Dance Europe, y ha llevado su arte hasta escenarios de los cinco continentes, gracias a los compromisos con el BNC y numerosas invitaciones a galas de estrellas mundiales y festivales internacionales.
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Premio Joven Patria

Por: Yliana Rodríguez Acosta
Guantánamo se enorgullece con el reconocimiento a tres de sus hijos con el Premio Joven Patria, el más importante otorgado por el Movimiento Juvenil Martiano a quienes se destacan en la promoción de la identidad local, del país y latinoamericana, además de la formación de las nuevas generaciones.

Los congratulados son Irma Pérez Odio, vicepresidenta de la Sociedad Cultural José Martí en la provincia, Maikel Laborde Zamora, ferviente difusor de la obra del Apóstol de la independencia cubana en Manuel Tames y Rubén Preval Sánchez, varias veces protagonista de la ruta martiana y desde Niceto Pérez preserva la memoria y legado del Héroe Nacional Cubano.

Iranis Vargas, presidenta del Movimiento Juvenil Martiano en Guantánamo transmitió una felicitación a los estimulados e informó que recibirán el Premio Patria el venidero día siete en Santiago de Cuba, en el contexto del Seminario Maceísta , que invita estudiar más la vida del Titán de Bronce.

Ese alto galardón fue instituido en el año 2002 con la aprobación del Buró Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas y este año lo reciben tres guantanameros con extraordinarios aportes en la formación martiana de las nuevas generaciones en centros estudiantiles, laborales y en la comunidad.

HALLOWEEN

En el año 2015 llega a la ciudad de Guantánamo, invitada por la Asociación Hermanos Saíz, una pareja de profesores mexicanos, muy activos en el propósito de preservar los intercambios entre esa nación y Cuba. La sala de exposiciones de la joven vanguardia cultural del territorio montó entonces una muestra de fotografía, presentada por los visitantes sobre una de sus más sólidas tradiciones: El Halloween.
Explicaron que la «Víspera de Todos los Santos», también conocida como Noche de Brujas, comienza el primero de noviembre, dedicada a los niños fallecidos, y al día siguiente a los adultos y durante la noche completa los familiares cenan con los difuntos, colocan flores, bebidas y comida favoritas de los que ya no están.Los actores del Teatro Guiñol Alieska Argote y Yosmel López, realizaron una representación de aquella idea para respaldar el insólito momento.
Nunca imaginamos que cuatro años después en Guantánamo, La Habana y otras partes del país la gente viviera como propia la Noche de Brujas,. Algunos salieron a la calle con antifaz, vestidos de esperpentos, participaron en concursos de disfraces y no faltaron bromas de mal gusto, porque el chiste forma parte de la rara (¿fiesta?), un calco de forasteras culturas.
La jornada siguiente en la Isla este año fue de imágenes y complacencia en los muros de Facebook… muchos exhibían mondos y lirondos el vestuario, las máscaras, o el personaje encarnado… fue “lo máximo”. En cambio, otros llamaron la atención sobre ese fenómeno tan ajeno y lo achacaron a la transculturación, aunque criticaron fuertemente tal tendencia, para que no tome cuerpo, ni se convierta en otro de los males que igualmente entran por esa puerta.
Los que vistieron el impropio ropaje ignoran que el Halloween, muy natural en los Estados Unidos, tiene un origen pagano y es celebrado en muchas partes el mundo, en la noche del 31 de octubre.
La vanguardia artística de Guantánamo hace un alerta y previene a la sociedad sobre lo que se ha convertido, para suavizar, en fiesta de disfraces, una costumbre que en Cuba ya no se aplica ni en los carnavales. Es fuerte el apego a las raíces, a nuestra identidad, cuanto más universales somos.
¿Por qué copiar? La globalización nos asalta, nos toma. ¡Auxilio! Pudiera arrebatar la mente, el sentido común y el pudor, si la actual generación reproduce cualquier estampa, sólo por parecerle buena y bonita. Seamos originales. Cada cual con lo suyo, sin negar el legítimo alcance que para otros pueblos tiene Hallowen.
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!Contra el racismo y la discriminación!

En correspondencia con la presentación del Programa Nacional contra el racismo, por parte del Consejo de Ministros de Cuba, la Universidad de Guantánamo expuso ante la Comisión Provincial José Antonio Aponte, proyectos comunitarios a favor de la inclusión social frente a diferencias, vulnerabilidades y barreras entre las personas.
Estudiantes y profesores fundamentaron el sentido integrador de su tarea en los grupos Con Mochila al hombro, Piti en las calles, Zoología Terapéutica y Logopedia, al visitar asentamientos e instituciones dentro y fuera de la ciudad para compartir actividades culturales, didácticas, deportivas y sanitarias, plan favorecido por sugerencias durante el intercambio.
Ana Valdés, guantanamera calificada como la primera doctora cubana en Museología, instó a articular esos proyectos con la Comisión Aponte, para intervenir de conjunto en hospitales, población penal, hogares de ancianos, bateyes y formar parte del enfrentamiento a los prejuicios y discriminación racial presentes aún en Cuba.
Durante la sesión de trabajo también el ambientalista y docente Mario Montero Campello, propuso levantar en el territorio más oriental del país un monumento, o tarja a José Antonio Aponte, protagonista principal en 1812 de la primera rebelión contra el colonialismo español, gesta que le costó la vida el 9 de abril de ese año.
La Comisión Aponte, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC, defiende desde el ángulo de la cultura los logros de la Revolución cubana en la lucha por eliminar la discriminación racial y social, la xenofobia y otras formas de exclusión lesivas a la dignidad humana.

A propósito de los 500 de la capital de todos los cubanos…

Por: Ciro Bianchi Ross
Tomado de Cubadebate
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El Cañonazo es una recreación histórica que se celebra cada día a las 21:00 horas. Residentes de La Habana, ataviados como los guardias militares del S.XVIII con uniforme y pelucas blancas, emulan los tiempos en los que se cerraban las murallas de la ciudad.

Existe el propósito, y se trabaja por conseguirlo, de que el cañonazo de las nueve sea reconocido como patrimonio intangible de la nación cubana. Durante la Colonia, el cañonazo sirvió para anunciar que se abrían y se cerraban las puertas de las murallas que, decía el historiador Emilio Roig, “formando un enorme cinturón de piedra, rodeaban y defendían, como inexpugnables fortalezas de su época, la primitiva, modesta, sencilla, patriarcal y pequeña ciudad de San Cristóbal de La Habana”. Esa detonación sigue siendo aún parte de la vida de los habaneros y de su identidad. Marca la hora obligada pues el alcance del manto acústico de la explosión cubre todos los rincones de la urbe.

Aunque no se aprecia dado el ruido de la ciudad actual, se asegura que el sonido del disparo demora cuatro segundos en llegar al Capitolio, trece a la calle Paseo, en el Vedado, y diez y nueve a la loma del Mazo, en la Víbora. Treinta y dos segundos tarda en hacerse oír en el edificio de la empresa telefónica de Marianao, treinta y seis en el reparto Cubanacán (antiguo Country Club) y cuarenta y seis en Arroyo Arenas. Llega a Santiago de las Vegas con una tardanza de sesenta segundos.

Uno puede seguir el ritmo de la vida y poner su reloj en hora gracias a ese aviso lejano, “esa soberana institución del cañonazo de las nueve”, como le llama Jorge Mañach en sus Estampas de San Cristóbal.

La Habana sin su cañonazo es como si le faltara el Malecón, porque el cañonazo de las nueve es tan habanero como el Morro, La Giraldilla y La Fuente de la India. Mas entre el 24 de junio de 1942 y el 1 de diciembre de 1945 no hubo cañonazo que valiera en la ciudad. Cuba había entrado en la Segunda Guerra Mundial y el Estado Mayor del Ejército prohibía el disparo nocturno a fin de ahorrar pólvora y no ofrecer nuestra posición al enemigo.

Durante la Colonia, el cañonazo sirvió para anunciar que se abrían y se cerraban las puertas de las murallas. Porque entonces no era un solo cañonazo, sino dos. Y coexistían dos ciudades, que eran una sola, la de intramuros y la de extramuros, divididas por aquel paredón.

A las 4:30 de la mañana, al toque de diana, el cañonazo indicaba que debían alzarse los rastrillos, tenderse los puentes levadizos y abrirse las puertas de las murallas para permitir el tráfico entre una parte y otra. Y el de las ocho de la noche, al toque de retreta, disponía que se hiciera lo contrario. Caían los rastrillos, se elevaban los puentes y se cerraban las puertas y nadie entonces podía entrar en la ciudad amurallada. Ni salir. El disparo se hacía desde el buque de guerra que servía de Capitanía en el Apostadero; luego, empezó a hacerse desde la fortaleza de la Cabaña, y con el tiempo, cuando el toque de retreta dio paso al toque de silencio, el cañonazo empezó a escucharse a las nueve de la noche, costumbre que se mantuvo luego de la desaparición de las murallas con el único objetivo de anunciar pueblerinamente la hora.

Era la señal del retiro, de la digestión conclusa, del idilio suspenso, del cese de los patines en el parque porque salían los brujos con su saco, de abrir los catres en la clásica trastienda, puntualiza Mañach en sus Estampas… Tiempos en los que, en lo público y lo privado, la noche terminaba a las nueve. Hoy, a las nueve de la noche, escribía Mañach en 1926, comienza la amenidad de la jornada.

Pero no siempre, a lo largo de la República, el cañonazo de las nueve sonó a la las nueve de la noche. Y esa fue una de las mayores dificultades en el intento de anunciar dicha hora a través de la radio. Era interés de las radioemisoras llevar a toda Cuba el sonido del disparo que efectuaba uno de los cañones de la Cabaña. Y más si entre sus anunciantes figuraba la mueblería El Cañonazo. Pero no siempre era posible porque si llovía no había cañonazo y cuando lo había no siempre el disparo se realizaba a la hora exacta. El sistema para dar el aviso era rudimentario en extremo. Un cabo del Ejército, que era el encargado de ordenar que se hiciera el disparo, se regía para ello de un reloj de pulsera barato, el suyo, que casi nunca coincidía con la hora del cronómetro eléctrico de la radioemisora, que la Compañía de Teléfonos rectificaba hora a hora. Se quiso entonces que los jefes de la Cabaña tomaran carta en el asunto y el cañonazo se rigiera por un plan científico. Pero nada se consiguió.

Desde hace muchos años, el cañonazo se dispara a las nueve de la noche en una ceremonia que atrae a los que acuden a la Cabaña para presenciarla y que multiplica el encanto de una tradición arraigada por siglos en el imaginario de los habaneros, parte de su vida y de su identidad, patrimonio intangible de la ciudad y la nación.

Cronología Martiana

De acuerdo con la cronología de su vida, José Julián Martí y Pérez egresa el 30 de julio de 1874 de la carrera de Derecho Civil y Canónico en Madrid y en octubre del propio año termina con calificación de excelente el Doctorado en Filosofía y Letras, base cultural que facilita su objetivo como organizador de la Guerra Necesaria en 1895.

Mucho antes, a los 16 años inicia la vida periodística en el diario manuscrito el Siboney, colabora con EL DIABLO COJUELO, cuyo editor es su amigo Fermín Valdés Domínguez y en Patria Libre después.

En 1879 es arrestado por sus trabajos de conspiración junto a Juan Gualberto Gómez y en 1880 ejerce el oficio de redactor en Nueva York. Así que, cuando en 1892 surgen las bases y estatutos del Partido Revolucionario Cubano, es elegido el 8 de abril como Delegado y reelecto el día 10.

Al servicio de la causa libertaria, el Apóstol funda el periódico PATRIA, el 14 de marzo de 1892, publicación que reflejaría un perfil editorial a su medida: ciencia, técnica y todo lo que elevara al ser humano… para eso procura trabajos de influencia en la forja de una conciencia aglutinadora, ante la heterogeneidad de los patriotas que irían a la guerra que él preparaba.

Patria, resume sus objetivos precisos y refleja la experiencia del Presidio Político, el destierro y otros duros momentos de la vida del más universal de los cubanos.

Tanto es el desvelo por dar continuidad a la difusión de sus ideas, que desde la manigua redentora, insiste a Gonzalo de Quesada (integrante del equipo de redacción y albacea literario del Maestro) en que cuide la belleza del formato, balance del contenido y coherencia de los materiales.

Un ejemplar de Patria, del 17 de abril de 1894 reitera las bases de ese partido creado entre emigrantes cubanos en Estados Unidos, los clubes revolucionarios, cartas, artículos, misiva de Máximo Gómez, secciones como LA SEMANA CUBANA y un trabajo en torno al doctor Fermín Valdés Domínguez, el amigo del alma y Representante del Partido Revolucionario Cubano en Baracoa.

Aparecen también anuncios, notas de servicios de hoteles y de abogados…en fin, es un esbozo de la inmensidad de la pluma de José Martí, el periodista mayor, puesta a servicio de Cuba. No en vano algunos estudiosos del tema consideran que Patria fue un soldado, voz de combate contra la metrópoli española, un periódico para unir.

Patria, del que Martí fue fundador, director y corresponsal, es y será un referente para el periodismo de la Cuba de estos tiempos y en ese espejo de amor, calidad y proximidad, se miran en Guantánamo nuestro semanario Venceremos, próximo a su medio siglo en julio venidero, el radioperiodismo que hacen nuestras 5 plantas y el telecentro Solvisión, reflejo hacia el Guantánamo mejor que deseamos.

Un guerrillero antillano en el Paralelo 17

Es en las páginas de La Edad de Oro, revista escrita y editada en Nueva York en 1889 por el Héroe Nacional de Cuba, José Martí, donde el autor encuentra y acepta desde la infancia, la primera invitación a Un paseo por la tierra de los anamitas, hilo mágico que lo cautiva y colma de curiosidad y avidez hacia aquellos seres especiales del lejano sudeste asiático.
Después los siente más cerca, sabe más de su audacia durante las sucesivas guerras de liberación frente a Francia y los Estados Unidos, y asume el juramento de amor y solidaridad expresado por Fidel Castro Ruz: Por Vietnam estamos dispuestos a dar hasta nuestra propia sangre.
Con el paso del tiempo crece la promesa de amistad con el heroico pueblo, y el reportero viaja a ese estado socialista, en el 2014, como parte de una delegación de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), de recorrido por las ciudades de Hanói, Ninh Binh y Hue, su primer contacto directo con la realidad vietnamita.
José Llamos Camejo volvió a la patria de Ho Chi Minh a finales de 2017, para transitar las zonas visitadas por el líder histórico de la Revolución Cubana, en un intento por descubrir y socializar la magnitud de la cosecha de aquella semilla, abonada por Fidel en 1973, aunque sembrada ya mucho antes.
El libro Un guerrillero antillano en el Paralelo 17, es la pesquisa resultante de búsquedas, intercambios, recopilación de datos, consulta de documentos y observaciones directas en escenarios de inmortales hazañas escritas por los vietnamitas y admiradas por el líder cubano. Es así como logra armar esta entrega, sobre la base de fuentes vivas insustituibles.
La obra, nutrida de ingredientes humanos, contiene testimonios inéditos, contados por personas que estuvieron cerca del Comandante en Jefe. Está estructurada en ocho capítulos, a base de relatos acompañados por imágenes alusivas al

paralelo 17 y a la presencia de Fidel en esa latitud, a la que no llegó ningún otro mandatario extranjero.
Los lectores encontrarán conmovedoras vivencias, contadas en crónicas, reportajes, entrevistas. Sobrecogedor es el recuento de una muchacha que salva la vida gracias al revolucionario caribeño, quien a su paso acierta a verla herida de muerte, junto a otros jóvenes lesionados por explosivos. Fidel, exponiendo su seguridad personal cuando aún la guerra exhala sus mortíferas cargas, detiene la caravana y envía a la joven al hospital. La muchacha sobrevivió.
De intensa atmósfera y sorpresivo desenlace es el encuentro con un héroe renombrado y octogenario, que reniega de las entrevistas. Sus oídos ya no perciben como antes hasta el más leve roce del enemigo que asecha. Despide al equipo de prensa.
En cambio, cuando el traductor le menciona a Fidel, se le alumbran la memoria y el rostro. “¿Quién dijo que Fidel está muerto?” Estalla de pronto. Y, para sorpresa del periodista cubano, el héroe vietnamita lo hace portador de un gesto: “para Fidel”.
José Llamos Camejo aplica principios básicos del periodismo en la presente propuesta: proximidad y prominencia, más allá de la distancia geográfica entre Cuba y Vietnam, un trayecto que él reduce a cero, al introducirnos en aristas desconocidas sobre la hazaña emancipadora de los vietnamitas, proeza que la humanidad ni olvida ni desestima.