La historia de la trova en Guantánamo hay que escribirla

¿Qué tiene él, que las canciones en su voz suenan diferente? De las tres versiones realizadas a Mi aldea, la suya es la mejor…Simplemente es musical, musicalísimo, pienso, mientras le veo una sonrisa fuera de lo común, al momento de recibir a los amigos, como invitado especial de la tertulia Entre Ríos, en la sede del Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en Guantánamo. Todas las miradas se concentran en el cantautor Josué Oliva.
Tan buen humor destraba la supuesta resistencia a entrevistas y es el primero en evocar vivencias de la infancia en un barrio del oeste de la ciudad (de cuyo nombre quiere acordarse , porque allí le entra el changüí por los oídos y el alma en la voz y el tres de su padre) y donde la gente es hoy casi la misma y lo que fue su edad lo reflejan muchachos que si bien sortean los charcos de las calles tienen ilusiones y pueden llegar lejos como él, que un día no tan lejano decide echarse una guitarra al hombro y aprende con Sara Goire y Aldo Braña las notas, elementos de armonía, conoce embelesado a Sindo Garay, Miguel Matamoros, Manuel Corona y otros clásicos de la trova cubana.
Cantarle a José Martí (Talismán de abril) y a Antonio Maceo le abre las puertas del proyecto Alma y Paisaje, para entrar sin tropiezos a la casa y la poesía de Regino E. Boti y musicalizar versos inéditos junto a Mario Zamora, compañero de sueños fundacionales en el movimiento de la trova, cuando Silvio Rodríguez y Pablo Milanés eran su natural modelo.
El primer compendio contiene 16 poemas y 10 el segundo, ajustados el ritmo y la letra a géneros diversos: bolero, guaracha, son, tango, mariachis, bossa nova, fieles a la cadencia de Autorretrato, Babul, Embó , Tu lunar, Nieve en el campo de luz, Forma, Siempre, En el Balcón, Paseo, Tus ojos, Sin palabras, Paisaje, En Olvido, Hermandad…..
Miladis Hernández, la poetisa anfitriona provoca al auditorio. Del buen padre que es el artista guantanamero no habla Ernestico, presente y todo un ejecutante con aportes a la pianística cubana en la música de concierto; ni manda postales desde La Habana para confirmarlo su pequeño Alejandro, violinista en ciernes; en su lugar hablan Rafael González, Domingo Sánchez, y otros, sobre todo la musicóloga Rosario Pupo, al obsequiarle el libro del mes (Músicos de la Catedral de Santiago de Cuba, siglos XVI_XIX) presentado por ella al inicio del encuentro vespertino.
Sobreviene la inexcusable descarga con Noel Nicot… la nostalgia se adueña del entorno al entonar Cimarrón… Domingo arranca aplausos al expresarse como un trovador que no está en venta. Y Mario Zamora toma también la guitara con canciones de ayer y de ahora y remonta a los presentes a la época del Grupo Frontera.
La tarde no tiene fin, si Josué está gozoso y habla de proyecciones dentro y fuera de Cuba, pero el público ataja el tiempo con la seriedad, el compromiso, el acuerdo, de escribir la historia del movimiento de la trova en Guantánamo. La tiene y es hora de contarla.

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