¿PIANO PREPARADO? PRIMICIA DEL OTOÑO GUANTANAMERO

Por Yordanys González Caneda (Colaborador)

 

 Gran sorpresa recibió el público en la Sala de Conciertos Antonia Luisa Cabal al encuentro con el pianista italiano Adriano Ambrosini cuando este rompió el silencio con unos acordes que  aún saliendo de la caja del  instrumento  no parecían pertenecer a este…mundo.

 

En los Conciertos de Otoño, promovidos   por el Comité Provincial  de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en Guantánamo, el pianista invitado interpretó Sonatas e Interludes para piano preparado del reconocido compositor norteamericano John Cage, creador de esta particular manera de hacer música. Completamente novedosa resultó la propuesta de Ambrosini, profesor de piano en el conservatorio de Verona y un experto en música contemporánea; quien se presentó por tercera ocasión en Cuba y  por primera vez  toca en piano preparado.

Obviamente el piano preparado, es algo más que un piano; a Cage esta idea le llegó en los años 40,  deseando hacer la música de escena para una obra teatral, sintiendo la necesidad de usar percusión, pero teniendo disponible solo un piano; de ahí el hecho de incorporarle elementos para que sonara más o menos como un instrumento de percusión.

Obviamente después mejoró mucho esta iniciativa. Entre las cuerdas se encuentran tornillos de varios tipos, tuercas y gomas; cuando el autor escribió estas piezas no sólo precisó qué  tipo de tuercas o de tornillos quería, sino especificaba a qué  distancia de la caja del piano quería este tornillo, estas tuercas, estas gomas, porque en base a esto el sonido del piano cambia.

Pero Cage también previó un poco de aleatoriedad, porque basta el tipo de piano, el tipo de cola, tornillos y tuercas, para variar el sonido; así cada vez que se toca esta pieza no es nunca la misma de antes.

Sobre esa base teórica  y con gran maestría, las manos de Ambrosini danzaron por más de una hora sobre las teclas monocromáticas, dibujando notas marcianas, extraplanetarias en el ámbito del sonido, demostrando que no había que pensar en la armonía tradicional o clásica, ni en la armonía dodecafónica ni atonal, porque el piano aquí no produjo notas: creó sonidos, resaltando el timbre, la duración  o ruido que salía del mismo.

Ambrosini dejó melodía y armonía rezagadas en el olvido, creando texturas musicales completamente ajenas al piano, ruidos de cascos corriendo, sonidos entrecortados, una especie de treno arcaico y lejano, primitivo, como ruego elevado al cielo con timbre de tronco hueco.

Terminada la actuación del italiano, un muy cubano aplauso, extendido, vigorizante rodeaba  la sala, premió al ingenio y la maestría, labradas en la fragua del rigor profesional. El agradecimiento para el artista por esta conquista musical, primicia de algo nuevo para nosotros y a la filial de  Música de la UNEAC en Guantánamo, por tan atrevida propuesta.

Jamás vimos las hojas ocres caer al suelo, pero sin duda alguna asistimos con orgullo al magnífico paisaje de una estación musical y aun están frescas las huellas musicales del Otoño Musical.

 

 

 

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