SIN AMOS NI IMPOSICIONES

La nominación de candidatos a delegados municipales,  iniciada este 24 de febrero, dio en la oriental provincia de Guantánamo una  buena señal en toda Cuba de  lo  que serán  los comicios del 25 de abril:  un 98,6 por ciento de asistencia reflejó la voluntad soberana del  ciudadano común de decir presente  cuando la patria convoca y  no por inercia  sino por conciencia,  cultura y civismo.

Nadie  condiciona  el voto.  Los  electores del montañoso territorio,  concurren  a las más de  dos mil asambleas de barrio planificadas  hasta el 24 de marzo,   por la disciplina y entusiasmo  derivados del ejercicio pleno de elegir y ser elegido, democracia   natural  y transparente para los cubanos como el agua.

Cada  cual  es libre de  proponer en la comunidad al mejor representante, porque   en lo sucesivo ese  será el  más cercano a Luisa  y  a Juan,  vecinos siempre  confiados en la gestión de su delegado o delegada. Es verdad que un delegado  no administra ni entrega recursos,  pero conoce las necesidades y preocupaciones de la gente e influye en la justeza con el más necesitado.

Será por eso que Luisa y Juan parecen ir de fiesta cuando  les toca votar y son de los primeros en acudir al colegio electoral  sin que le impongan  horario. Saben muy bien  cuál es la hora de apertura y de cierre de los colegios..Pero el que se levanta temprano por decisión propia, simplemente  apuesta en cada proceso por el poder del pueblo,  que es el verdadero poder.

Alguien dijo que las elecciones de Cuba  hay que verlas,  no contarlas, por tan singulares y limpias. Luisa y Juan  son de los  guantanameros y cubanos en general  despojados de fanfarrias al momento de  referirle al mundo desde el oriente cubano  una  verdad difícil de ignorar o desacreditar: la vive un pueblo entero sin amos ni imposiciones.

Mirando a Luisa y  a Juan entre otros  vecinos  en días como éstos, una se apropia  de la percepción martiana  de que algo de divino y conmovedor tiene la hora callada    del sufragio. Es la paz de alma, la  satisfacción con uno mismo. El deber cumplido. La seguridad de hacer lo correcto. Recomendación a los críticos de la Revolución Cubana:  Cuidado con  verter añil en mi sábana blanca.

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